EL NUEVO FICHAJE
Capítulo 1
Las vistas desde su mesa eran las más envidiadas de la oficina ya que tenía control absoluto de quién entraba al edificio y, sobre todo, del aparcamiento. No es que fuera una chismosa, pero sí le gustaba estar al día de las “novedades” en el trabajo, y la nueva incorporación se estaba haciendo de rogar.
—¡No os lo vais a creer! —exclamó Ana cuando vio que un tipo aparcaba su Porsche Carrera 911 en el sitio reservado al jefe—. ¡Ya ha llegado el nuevo!, y es muy… —añadió, exaltada.
—¡¿Cómo es?! No nos dejes así —preguntó ansiosa Olivia.
—Muy masculino, Olivia. No creo que sea el tipo de hombre que te gusta a ti —respondió Ana entre risas.
—Shhh… —susurró Olivia en un intento de mantener la calma. Ana tenía una risa preciosa, pero también muy escandalosa, y ya se habían llevado más de una reprimenda por ello.
Ana volvió a asomarse por la ventana, pegando casi la frente al cristal como si así pudiera verlo mejor.
—Madre mía… —murmuró—. Si lo llego a saber, hoy me pongo rímel.
Olivia puso los ojos en blanco, aunque una sonrisa se le escapó sin querer.
—No creo que sea para tanto —dijo, intentando sonar indiferente mientras se levantaba de su silla con toda la naturalidad que pudo fingir.
Ana la agarró del brazo.
—Ni se te ocurra irte sin mí. Si vamos a ver al nuevo, vamos juntas.
—No vamos a “ver” a nadie. Solo voy a por agua —respondió Olivia, aunque ambas sabían que era mentira.
Caminaron por el pasillo como si no tuvieran prisa, pero los tacones de Ana delataban la emoción.
Al llegar a la recepción, él estaba allí: alto, traje impecable, una mano en el bolsillo y la otra sosteniendo una carpeta. Parecía sacado de un anuncio de relojes caros.
Ana soltó un suspiro que hizo girarse a la recepcionista.
—¿Estáis bien? —preguntó ella, sin levantar demasiado la voz.
—Perfectamente —respondió Olivia, aunque sentía un leve cosquilleo en el estómago.
El hombre levantó la vista. Sus ojos se cruzaron con los de Olivia durante un segundo que pareció más largo de lo normal. No sonrió, pero inclinó la cabeza a modo de saludo antes de volver a la carpeta.
—¿Lo has visto?¡Ha sido contigo! —susurró Ana, emocionada.
—Ha sido un saludo general —mintió Olivia, sintiendo cómo se le calentaban las mejillas.
—Sí, claro… generalísimo —bromeó Ana.
Antes de que Olivia pudiera responder, la puerta del despacho del jefe se abrió.
—Chicas, venid un momento —pidió él, con ese tono que no admitía réplica.
Ana y Olivia se miraron, tragaron saliva y avanzaron hacia él.
—Os presento a Jorge —anunció el jefe—. A partir de hoy trabajará con vosotras.
Ana abrió los ojos como platos, y Olivia intentó mantener la compostura con cierta dificultad.
Jorge levantó la vista, esta vez directamente hacia ellas.
—Encantado —dijo con voz grave y tranquila.
Olivia se percató entonces del azul de sus ojos. Intensos y cristalinos, captaron su interés de inmediato, atrayéndola con un embrujo del que no podía escapar. Aquello iba a complicarle la vida más de lo que estaba dispuesta a admitir.
Candela Córdoba
Se complican sin duda, las reuniones de trabajo