LA HACEDORA DE SUEÑOS

Marianela vivía en una casa minúscula con sus padres, sus tres hermanas, la abuela y un gato negro muy cariñoso. Carecía de habitación propia, como era de esperar, debiendo compartir cama con su hermana pequeña. Ella era muy revoltosa, costándole en demasía alcanzar el sueño. Así que todas las noches le leía un cuento, pero este era muy especial, pues no estaba escrito sobre ningún papel, salía directamente de su imaginación.

Aunque también quiero advertir que estas historias eran muy diferentes, pues en cuanto las palabras nacían de su boca se iban materializando al instante delante de sus ojos. Ella era una hacedora de sueños.

Esa noche le narró la vida del tío Gregorio, un anciano que se dedicaba a criar pavos para navidad. Tenía cientos de ellos, grandes y hermosos, pero una mañana, justo antes de llevarlos al mercado para venderlos, desaparecieron de su granja. El pobre hombre estaba hundido, siendo esto lo peor que le pudiera pasar. En eso, la niña empieza a ver unos pavos apareciendo por la puerta de su habitación. Entraban como si nada, uno tras otro, y hasta encima de la cama había pavos.

—¡Gregorio!, los pavos han venido a mi casa —exclamó la niña mientras Marianela se reía al ver a su hermana pequeña tan contenta.

Candela Córdoba

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