Llegué a ese lugar a última hora de la tarde, cuando el sol todavía rociaba con su luz los campos de trigo. Aunque no fue hasta bien entrada la noche cuando comenzó todo.

Era la primera vez que experimentaba algo así, y cuando el anciano me dio a beber ese brebaje pronto noté sus efectos. Unas fuertes náuseas me hicieron vomitar, y sentí que mi ser se vaciaba al completo. Al mirar mis manos no las reconocía como propias. Parecía que mi alma estaba abandonando ese cuerpo y se alejaba rápidamente hacia las estrellas que cubrían mi cabeza.

Entonces, una gran serpiente me detuvo en mi ascenso. Tenía un cuerpo luminoso que se retorcía y una boca que me devoró al instante. Una vez dentro del animal empecé a ver mi vida al completo: pasado, presente y futuro. La película que pasaba velozmente se detuvo en una imagen. Me vi anciano, y la muerte me estaba esperando. Creo que la serpiente logró su propósito, pues al despertar de ese trance comprendí que la dureza de mi vida era un regalo, una enseñanza.

Candela Córdoba