Llevaban varias semanas hablando, muy a pesar de las advertencias de Olivia, pues no es precisamente novia lo que buscan los chicos en esas aplicaciones. Pero ella prefirió arriesgarse y quedó con él.

Durante la cena, la conversación no cesó en ningún momento; incluso se atrevió a contar uno de sus chistes. Se sentía muy cómoda con él y por eso no dudó en continuar la noche en su casa. Vivía cerca del restaurante.

Una vez allí, y en la intimidad de la habitación, empezaron a conocerse de otra manera. No era su primera vez, pero él consiguió que lo sintiera. Su corazón latía con fuerza y sus manos inquietas no sabían dónde meterse. Él, en cambio, la abrazó de inmediato e hizo que se relajara. Su respiración rozaba su cuello, erizando su piel al momento, y sus manos se deslizaron por su cintura con la urgencia curiosa de un explorador en tierras desconocidas.

«Demasiado perfecto para ser real», pensó ella cuando se despidieron, pues cuántos hombres dejarían pasar la oportunidad de consumar la pasión.

Candela Córdoba