Una bella flor ha aparecido en mi vida, con una luz especial y con tanta fuerza que ha conseguido detener el tiempo. Su aroma se desliza en mi interior con el sigilo de un ladrón buscando el tesoro que guardo. Ese amor que no he podido dar y que me quema dentro.
Dime al menos tu nombre, porque quiero gritarlo al viento, susurrarlo en la noche para que me ilumine y me guíe hacia ti. Ahora estoy perdido en medio de una tormenta que golpea fuerte, solo tú impedirás que zozobre y el mar me lleve hacia sus entrañas.
Si tuviera que ponerte nombre te llamaría Penélope. Y si me dejaras te cubriría la piel con el roce de mis labios, la recorrería con la lentitud de un latido que desea llegar hasta el último rincón de tu cuerpo. Permíteme entrar sin hacer ruido, como la brisa que se cuela entre las cortinas.
Candela Córdoba