Era un joven de 17 años que había pasado por mucho a su corta edad. Sus padres hacía tiempo que se habían separado. Él ya no mantenía contacto con su padre, apenas una fotografía vieja que miraba. Y su madre llevaba una vida en la que pocas veces estaba incluido.

Solía ir en bus o en metro para desplazarse por la ciudad. En algunas ocasiones se subía en un autobús cualquiera y simplemente miraba por la ventana. Apenas tenía amigos en los que confiar, y las chicas servían para pasar el rato. Tenía que despertarse de ese sueño o acabaría con él.

Pero sí había una cosa con la que disfrutaba mucho. Le gustaba mucho leer. Él leía y leía, hasta que sus ojos estaban muy cansados. También le gustaba escribir.

Y una noche, lo supo. Él no podía cambiar lo que le rodeaba, pero sí podía inventar un mundo perfecto. Y eso hizo. Escribió y escribió.

Su mundo ya fue creado, y fue feliz allí.

Candela Córdoba