La vida de un sujeto está formada por varias piezas, mezcladas, pegadas, enmarañadas, de tal manera que si quisiéramos comprenderla necesitaríamos tomar como ejemplo a un individuo cualquiera.

Entonces nos encontramos con Tomás, un hombre familiar, que adora su trabajo y es amigo de sus amigos. Pues eso diría una persona que se aproximara a él, mostrándonos su vida pública.

Aunque como no me gusta ponerlo fácil, debo exponeros que el otro día Tomás le contó a su mujer que ya no soportaba más al “enano” de su jefe, deseando cambiar por completo su rumbo profesional. Mercedes, su mujer, le escuchaba preocupada, pues no era habitual oírle hablar en esos términos. La vida privada empieza a mostrar su cara ahora.

Pero lo mejor lo reservo para el final, y es por la tarde, cuando Tomás sale de la empresa y se dirige a una pequeña cafetería que regenta una joven. Suele sentarse en una mesa junto a la cristalera para ver pasar a la gente deambulando por la acera, esperando a que ella se desocupe un poco y le regale un beso. Son amantes desde hace más de un año, y él anhela ser valiente para poder dejarlo todo por ella. Esa parte oculta es la más íntima, la que guarda su vida secreta.

Microrrelato del libro Mis sueños de papel