Parecía que flotaba como en un sueño, y desde lo alto veía un cuerpo tirado en el asfalto. Estaba destrozado bajo el amasijo de lo que antes era un coche. Escuché perfectamente cómo una ambulancia llegaba, hasta un camión de bomberos se personó. No había nada que hacer por mí.
Entonces, sentí que una intensa fuerza tiraba de mí, pareciendo que me había montado en un tren de alta velocidad. Esa sensación se detuvo de repente, envolviéndome una paz que me alcanzaba como los cálidos rayos del sol. Ahora estaba en otro lugar. Mi mente quería traducir esas imágenes, pero solo distinguía formas geométricas en movimiento, colores de máxima viveza, tan brillantes, que parecían irreales. Percibí en ese instante que alguien estaba junto a mí, noté su cercanía y unas palabras resonaron en mi cabeza, que contestaba a preguntas no pronunciadas. Una amplia sonrisa nació en mi rostro, pues no era mi fin, sino una vuelta al hogar.
Candela Córdoba