FRENTE AL ABISMO

Hay pensamientos que no se conforman con ser un destello, esos se deslizan por dentro como si fueran una criatura que tuviera vida propia. Viven allí, en el territorio más íntimo, poseedores del mapa de tus secretos.

El mío despierta cuando menos lo espero, con esa insolencia de quien sabe que no puedo expulsarlo. Se desliza por rincones olvidados, tantea mis miedos y hace que mi pecho se acelere de una forma cruel y despiadada.

No siempre obedece y se vuelve un animal inquieto, obligándome hacia un deseo que no sé si quiero o temo. Tiene esa manera de rozar lo que aún no existe e insinuar posibilidades, como si pudiera abrir puertas que yo mismo mantengo cerradas. Y es justo en ese borde, en ese temblor entre lo imaginado y lo prohibido, donde te veo.

Tú estás en el centro de todos, y eso me enloquece, ya que soy capaz de reproducir en mi mente cada centímetro de tu piel, de notar en mi cuello cada exhalación que sale de tus labios. Mis dedos se mezclan entre tus cabellos largos y negros como la noche. Tu mirada se centra ahora en mí. Me obliga a adentrarme en tus ojos grandes, seductores y casi hipnóticos.

Brilla entonces en la comisura de mi boca lo que aún no te he dicho, lo que nunca voy a poder decirte.

Candela Córdoba

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