LA VIDA JUNTO A TI
Desperté mucho antes de lo habitual, no había dormido bien, pues mi compañera de cama había decidido no poner mucho de su parte esa noche con sus incesantes patadas. Sé que es muy pequeña todavía, siendo perfectamente normal que duerma conmigo, pero estoy empezando a precisar mi espacio.
Aunque debo confesar que necesito tenerla cerca, mimar su aterciopelada piel acercando mi mejilla, llenándome de ese aroma que solo un bebé desprende; y me entretengo mirándola mientras duerme, observando su plácida respiración y esa boquita medio entornada que pone. En ese instante, decido entregarme por completo, cerrando los ojos.
Pienso entonces que tengo mucha suerte de tenerla, regalándome todos los días una montaña de besos y un continuo goteo de te quiero, a la vez que sus bracitos intentan rodearme. Le gusta que nos quedemos un par de minutos congeladas en esa postura, cual estatuas de mármol, deseando que ese momento se extienda por una vida entera.
Candela Córdoba